Asonal se unirá al paro nacional convocado por centrales obreras.

De acuerdo con un comunicado expedido por el sindicato de trabajadores de la Rama Judicial, “Asonal” se unirá al paro nacional convocado por centrales obreras y organizaciones sociales el próximo 25 de abril.

Rechazan el Plan Nacional de Desarrollo, el cual contendría medidas que afectarían a los trabajadores al tecnificar y simplificar la toma de decisiones, revisar procedimientos y buscar métodos de resolución de conflictos alternos al régimen penal, ocasionando  la pérdida de miles de empleos y la injerencia del Ejecutivo en la administración y funcionamiento de la Rama Judicial; el gremio exige también la renuncia del fiscal Néstor Humberto Martínez.

“Si no participamos del Paro Nacional, el gobierno impondrá su voluntad en materia económica y laboral”. Expresaron sus voceros.

 

Vendaval azotó esta tarde el kilómetro 41 vía Manizales.

Ocho casas evacuadas,  daños en la estructura de la parroquia y el colegio, al igual que la estación  de policía, dejaron  esta tarde  las fuertes lluvias  en la  vereda Kilometro 41  en esta capital.

Según reporte de  las autoridades, las precipitaciones generaron el desplome  de techos,  daño en los enceres, y  caída de árboles. A esta hora los organismos de socorro atienden  la emergencia.

CONTRA EL HURTO A MOTOCICLETAS OFENSIVA EN MANIZALES.

Con medida de aseguramiento intramural, se encuentran dos personas por el delito de hurto. En el  desarrollo del plan choque construyendo seguridad se esclarece el hurto de dos motocicletas.

En dos denunciadas por dueños de motocicletas los investigadores del grupo de automotores esclarecen y capturan los presuntos responsables de los hechos. La modalidad empleada fue el alado debido al factor oportunidad dado por los propietarios.

Con las ordenes de captura en mano, los policías desarrollan la ofensiva contra el hurto a motocicletas, ubicando a los indiciados en las calles de Manizales.

El primer  capturado  es un hombre de 22 años, en la comuna 5 (Manizales) solicitado por el delito de hurto calificado y agravado, por el juzgado quinto penal municipal. Según las investigaciones se hurtó una motocicleta en el barrio Villa Hermosa, para ese día el cuadrante lo observa movilizándola sin casco y apagada, al ser requerido la respuesta ante la solicitud de los documentos es negativa, según el capturado se le había quedado en casa. Los uniformados procedieron a inmovilizarla por infringir el código de transito y transportes  hasta ese momento no había ninguna denuncia. Días después este mismo hombre entra a una vivienda de la comuna 2 (San José) hurtando dos televisores y una cabina de sonido. En la verificación del inmueble los investigadores encuentran un comparendo abandonado que sirvió como material probatorio para esclarecer el hurto; se trataba del implicado en la inmovilización de la moto, los uniformados proceden con la fiscalía para ubicar al propietario solicitar la denuncia y devolverle su motocicleta.

En otro hecho, se captura con orden judicial por el delito de hurto calificado y agravado una mujer de 22 años  y hombre de 28 años conocido como “Paolo”. Ambos son  señalados de participar en el hurto de una moto en la carrera 25 con calle 29, barrio Campo amor, el 14 de febrero del año 2019. Los investigadores analizaron varias cámaras de seguridad en el que se observa cuando llegan a la moto parqueada y la arrastran. El hombre tiene antecedentes por el delito violencia contra servidor público y porte ilegal de armas de fuego.

La Policía Metropolitana de Manizales invita a la comunidad a cuidar los automotores, no dejarlos abandonados y  utilizar dispositivos de  seguridad adecuados. Tener presente, que darle  oportunidad al delincuente por un descuido, es entregarle en sus manos lo que tanto cuesta con el esfuerzo.

 

LANZARON GRANADA A PATRULLA POLICIAL EN RISARALDA-CALDAS

Tres policías, se  salvaron de morir  en la madrugada de este Viernes Santo  en el municipio de Risaralda- Caldas,  luego  que desconocidos lanzaran  una granada  al paso de una patrulla, la  cual cumplía  labores de rutina   en un barrio de la localidad.

El dispositivo no alcanzó  a impactar a los uniformados,   detonando en un terreno  cercano y ocasionando zozobra entre los pobladores.

Desde Hace varios meses  el municipio se encuentra  sin estación de policía , debido a un litigio jurídico con un vecino del terreno, donde se  tiene proyectada  la construcción del comando.

Hoy, la comunidad continúa reclamando   más presencia policial, pero la misma no tiene   cuartel,  las unidades duermen en la estación de bomberos y operan en una oficina en el edifico de la alcaldía,  razón por la cual el despliegue de uniformados  es muy reducido  a  una población que cuenta con 9.500 habitantes.

 

Policía Nacional reporta notable reducción en homicidios y hurtos en lo corrido de Semana Santa

De acuerdo con la información consolidada por la Policía Nacional, se han mejorado los indicadores frente al hurto a personas, hurto a residencias, hurto a comercio, hurto de celulares, siniestralidad vial, víctimas fatales y lesionados en accidentes de tránsito, respecto al mismo periodo de la Semana Santa del año anterior.

El homicidio se redujo un 20 por ciento, lo que significa que gracias a la labor preventiva de las autoridades se han podido evitar 51 muertes.

El hurto a personas ha tenido una reducción del 32 por ciento, pasando de 4.074 en 2018 a 2.783 en el 2019.
En materia de movilidad, la siniestralidad vial se ha reducido en un 12 por ciento. El número de víctimas fatales en accidentes de tránsito también evidenció una disminución del 45 por ciento.
 Delitos como el homicidio, el hurto a personas, residencias, comercio, celulares, vehículos y motocicletas registraron una disminución significativa en lo corrido de esta Semana Santa en el país, en comparación con la Semana Mayor de 2018, informó este viernes la Policía Nacional, que tiene a 30 mil de sus integrantes desplegados en todo el territorio colombiano.
En el marco de la campaña ‘Juntos Construimos Convivencia y Seguridad’, la Policía reportó la disminución de los indicadores en delitos como el homicidio, con un 20 por ciento, lo que significa que gracias a la labor preventiva de las autoridades se han podido evitar 51 muertes.
El hurto a personas también tuvo una reducción del 32 por ciento, pasando de 4.074 casos en 2018, a 2.783 en el 2019, gracias al trabajo oportuno y coordinado entre las capacidades institucionales y la comunidad, en cada uno de los centros de peregrinación.
De igual forma, el hurto a comercio es la conducta punible que más ha presentado reducción durante los días santos, pasando de 978 hurtos a 302, lo que significa 676 casos menos presentados. Esto equivale a un 69 por ciento menos.
Gracias a las recomendaciones previas para esta temporada, las cuales fueron acogidas por los ciudadanos, se ha logrado una reducción del hurto a residencias del 56 por ciento, del hurto a vehículos del 32, y a motocicletas del 46 por ciento.
Con respecto al hurto de equipos móviles, se ha logrado una reducción del 49 por ciento, equivalente a 539 celulares menos hurtados durante esta semana. También hay disminución del hurto de bicicletas en 55 por ciento, pasando de 228 en la Semana Santa de 2018, a 103 este año.
Según la Policía, estos resultados obedecieron al despliegue ejecutado -desde los días previos al inicio de la Semana Mayor- de todas sus capacidades en varias líneas de acción: seguridad vial, turismo, centros religiosos, seguridad ciudadana, protección de niños, niñas y adolescentes y medio ambiente.
Gracias a la labor adelantada por los uniformados, la Red de Participación Cívica y al comportamiento ejemplar de la gran mayoría de ciudadanos, el país ha vivido mayor  tranquilidad en el transcurso de estos días de Semana Santa, teniendo en cuenta el balance general de los delitos de alto impacto.
Alta movilidad
En materia de movilidad, la Policía reporta que la siniestralidad vial se ha reducido en un 12 por ciento, ya que esta semana han ocurrido 696 siniestros viales, frente a 790 del 2018. Es decir, 94 casos menos.
El número de víctimas fatales en accidentes de tránsito también evidenció una disminución del 45 por ciento. Igualmente, se presenta una reducción de 84 lesionados en accidentes de tránsito, lo que equivale a un 9 por ciento con referencia al año anterior, pasando de 949 en el 2018 a 866 en esta vigencia.
 
A la fecha más de 5 millones 100 mil vehículos se han movilizado por las distintas vías del país y se espera un 38 por ciento más en las próximas horas. Así mismo, más de 45.000 pasajeros han utilizado la terminal aérea del aeropuerto El Dorado, en Bogotá, y miles de personas desde las terminales de transporte terrestre del país.  Cabe resaltar que no se han denunciado hechos delictivos que involucren hurto de equipajes o bolsos de viajeros.
De otro lado, la Policía reiteró el llamado a la comunidad para evitar el tráfico ilegal de especies silvestres, flora y fauna, teniendo en cuenta que en el transcurso de la semana, ya se han incautado más de 1.000 tortugas bebes de especie Matamata bajo la modalidad de encomienda en las terminales de carga aérea, así como el rescate de 3 especies de Iguana, Morrocoy e Hicotea, encontradas en vía pública en el municipio de Alvarado, en el departamento del Tolima.
Cobertura en ejes viales
En estos días santos, la Institución dispone de presencia policial en las vías preferidas por los colombianos. Son 13 corredores turísticos y 77 rutas seguras en departamentos y municipios del país.
Adicionalmente, la Policía acompaña a los viajeros con 10 helicópteros para apoyar las labores de monitoreo en materia de movilidad y seguridad, con el fin de estar vigilantes en lugares de peregrinación tradicionales como Monserrate, el Santuario del Divino Niño Jesús del 20 de Julio y la Iglesia de Lourdes en Bogotá, Popayán, Mompox, Pamplona, Buga, Chiquinquirá, Zipaquirá y Villa de Leyva, entre otros, garantizando la presencia policial con más de 10 mil policías en 7 lugares de peregrinación y 2.559

7ª Palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espítitu”

Ésta fue la última Palabra de Jesús. La palabra más suave, más dulce que podía habernos enseñado para el momento de morir. El hombre teme a la muerte, y por eso se pasa la vida huyendo de ella. Sin embargo, para el que cree en Dios, para el que contempla y escucha a Jesús muriendo, morir no es nada trágico, no es saltar en el vacío, ni entrar en una noche sin fin. Los hombres creemos que morimos, que perdemos la vida. Y lo que ocurre en realidad es sólo lo que le ocurrió a Jesús: que ponemos la cabeza en su sitio, en las manos del Padre. Decía Eugeueni Evtushenko, poeta ortodoxo ruso:“Cuando una persona muere, Dios acaba de amasar su existencia para la eternidad… Y en las manos de Dios… no se pierde ni una lágrima, ni un esfuerzo, ni una ilusión, ni un sufrimiento, ni un instante de la vida…”. Nada se pierde en las manos de Dios, y menos después de la muerte de Jesús.

Jesús muere tranquilo. Inclina su cabeza en las manos del Padre y regala a los hombres su Espíritu. Así lo ha visto San Juan. Este Espíritu de Jesús continuaría su obra en el tiempo, haciendo todo nuevo: nueva la relación con Dios, como hijos en el Hijo; nuevo el culto y la oración, no en la angustia sino en la alabanza; nueva la vida entera, construyendo su Reino en el amor; nueva la muerte, entendida no como el final sino como la cuna de la vida, que ya es eterna.

“Padre”. Jesús quiso terminar su vida pronunciando de nuevo la palabra más querida de su corazón, la palabra que resume su mensaje al mundo: “Abbá, Padre”.Porque Dios es Padre, se dedica a ser Padre, es sólo Padre, sobre todo Padre. He aquí la gran revelación de Jesús. Dios siempre fue Padre. Pero, desde que Jesús le llamó así, viviendo nuestra vida y muriendo nuestra muerte, lo sabemos mucho mejor. Para eso vino al mundo. Ninguna objeción cabe ya contra la existencia y la bondad de Dios viendo como vive y como muere Jesús. Para eso vino el Hijo de Dios al mundo: para que nadie se sienta fuera de la paternidad de Dios. Nadie, ni en el gozo, ni en el dolor, ni en la vida ni en la muerte.

Quitad esta revelación de Dios como Padre, y nada quedará del Evangelio. Ponedla, y todo el mensaje evangélico adquiere su sentido. Más todavía, quitad la revelación de Dios como Padre, y toda la vida se hunde en el absurdo. Ponedla, y la vida entera, incluido el último momento que llamamos muerte, quedará convertida en un canto de alabanza al amor de Dios.

En la Cruz todas las objeciones que los hombres ponemos a Dios, se vuelven contra nosotros. En la Cruz nos damos cuenta de que en realidad nuestras rebeldías contra Dios, por la existencia del mal y de la muerte, no hacen más que darnos a entender que el problema último del mal está en nuestro corazón, en nuestro pecado. Si la humanidad está sometida al mal y a la muerte, no es a Dios a quien podemos atribuir la muerte y el mal, sino a nuestro pecado. ¿Sabéis dónde está la prueba de esto que digo? Nos la da Dios mismo muriendo en la Cruz. Sólo Dios ha podido soportar hasta el final el absurdo de la muerte, y una muerte cruel, con un gran sufrimiento pero sin miedo, porque sólo Dios ha sido inocente, porque sólo él no conoció el pecado que es lo que produce en nosotros el miedo a morir. Qué bien lo dice San Pablo: “El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley”(1Co.15,56). Por eso el mal y el miedo a morir han sido superados en la Cruz de Cristo. Y sólo pueden ser superados en la justicia nueva, la que nos viene de él por la misericordia y el perdón de Dios (Ro.5,11). ¡Con qué paz mueren los santos! Qué bien lo sabía Teresa de Jesús, que escribió aquel verso tan maravilloso: “Vivo sin vivir en mí/ Y tan alta vida espero/ Que muero porque no muero.

El Centurión, al ver morir a Jesús, alababa a Dios, dice San Lucas. A esta alabanza os invito yo ahora, hermanos. Alabanza a Dios Padre, por ser Amor y Paternidad. Alabanza a Jesucristo, el Hijo encarnado, por habérnoslo revelado, con su vida y con su muerte. Alabanza al Espíritu Santo, porque ha hecho posible que esta Buena Nueva llegara, a lo largo del tiempo, hasta nosotros.

A ti, Señor, todo honor y toda alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

6ª Palabra: “Todo está consumado, todo está cumplido”

La sexta Palabra de Cristo es el grito del triunfador, del corredor que llega a la meta, o sencillamente del Hijo que ha cumplido la voluntad del Padre. ¡Lo había dicho tantas veces! “Yo he bajado del cielo para hacer, no mi voluntad, sino la del que me ha enviado” (Jn. 6, 38). “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn. 4, 34).

Dios es el Dios Vivo. Es vida y dador de vida (Jos.3,10). Dios es el que da y se da: en la Creación, en la Encarnación, en la Eucaristía y en la plenitud del Cielo. A lo largo de su vida, Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nos lo fue revelando y, por eso, con palabras humanas, le llamó Padre. Al asumir nuestra humanidad en su Persona divina, nos introdujo en su divinidad, en la misma Trinidad de Dios, y nos dijo que le llamáramos Padre.

Ahora, Jesús ha llegado a las puertas de la muerte. No es que Dios quisiera la muerte o necesitara la muerte, y menos tan cruenta. Ni la muerte de su Hijo, el buen Jesús, ni la muerte de nadie. A Jesús le mataron sus enemigos, los enemigos de Dios tal como Él lo revelaba con sus palabras y con su vida. No aceptaban a un Dios tan cercano, tan humano, tan Padre, ni aceptaban que Él fuera su Hijo y que nos hiciera hijos. En el fondo, es mucho más fácil tener un Dios lejano y majestuoso, a quien se le ofrezcan sacrificios y se le tenga aplacado y tranquilo, que tener un Dios cercano a nosotros, en cuya presencia vivamos y a quien tenemos que agradar continuamente. Por eso los que rechazaban esta revelación de Dios mataron a Jesús, el Revelador. “Maldito el que cuelga de un madero”, decían sus Escrituras (Dt.21,23). Y para que nadie creyera en Él, ni entonces ni nunca, le llevaron a la Cruz.

Ahora, a punto de morir, en esta sexta Palabra, Jesús, la última y definitiva Palabra de Dios al mundo, puede decir: “Todo está cumplido”. Todas las profecías sobre Él se han realizado. Pero, sobre todo, Él ha realizado la obra que el Padre le había encomendado: Revelarnos que existe un Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que el Padre creó todo lo que existe por su Hijo (Jn.1,3) y todo era bueno (Gn.1,31). Que, a lo largo del tiempo, “habló de muchas formas a nuestros padres… (Hbr.1,1-2). Y, por fin, en la plenitud de los tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, hecho como uno de nosotros. Este Hijo nos ha hablado con palabras como las nuestras y con una vida igual que la nuestra.

Y también, ¡así son las cosas de Dios!, nos ha hablado del Plan de Dios sobre nosotros con la palabra más fuerte de todas: la muerte. Nunca habló tan claro Jesús de Dios al hombre como cuando se quedó mudo en la Cruz. Todo estaba consumado con su vida. Pero quedaba terminar de consumar la revelación con la misma muerte. La muerte de Jesús no fue para aplacar a Dios, a quien le sobra paternidad y amor para perdonar, sino para animar y consolar a todo hombre que viene a este mundo. Dice la carta a los Hebreos en un texto maravilloso: “Así como los hijos (de los hombres) participan de la sangre y de la carne, así también Él participó de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud” (Heb.2, 14-15).

Para esto vino Jesús, el Hijo de Dios, al mundo: para quitarnos el miedo a morir y manifestarnos nuestro destino. La vida del hombre no es sólo: nacer, vivir y morir, como muchos creen. La vida del hombre es: nacer, vivir, morir y resucitar. Por el miedo a morir se dan todos los atropellos en la historia de los hombres, ¿no lo veis? ¿Por qué llora un niño cuando le falta el amparo de la madre? ¿Por qué un joven se desespera por un fracaso en su carrera, en su trabajo o en su amor? Por el miedo a no poder sobrevivir. ¿Por qué un capitalista amontona riquezas de todo tipo, cuantas más mejor? Por el miedo a que la vida le falle por algún lado y poder asegurarse por otro. ¿Por qué se buscan algunos avances en la misma ciencia? Por alargar la vida y por el miedo a morir. Y así sucesivamente. Superado este miedo, es posible que el amor invada al mundo, es posible el servicio y la entrega hasta la muerte.

“Todo está consumado”, ha dicho Jesús. Ya nos ha revelado el corazón de Dios y su Plan de Salvación sobre los hombres. En el alma de Jesús ya empieza a descender la paz. Y con esta paz va a entrar en la muerte para revelarnos lo último y más grande: la Resurrección, que no es la vuelta a esta vida, sino la entrada en la plenitud de la vida, en Dios, para toda la eternidad.

QUINTA PALABRA: ¡!! TENGO SED ¡!!

QUINTA PALABRA: ¡!! TENGO SED ¡!! 

“Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: <<Tengo sed >>. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca” (Juan 28,29).

 Cuando Cristo murió en la cruz del Calvario, nos dice la Sagrada Escritura que pronunció las palabras “TENGO SED”.  En este breve mensaje deseamos mirar al aspecto tanto físico, como espiritual de la sed de nuestro Señor al tiempo que meditamos sobre los beneficios que podemos tomar de la sed que tuvo nuestro Maestro.

Las palabras pronunciadas por Jesucristo mientras colgaba del madero nos recuerdan que Cristo era ciertamente hombre y como tal sufrió sed.  Después de haber perdido gran cantidad de sangre mientras había sido azotado y los clavos habían traspasado sus manos y sus pies, el Señor sintió sed. 

Nos dicen los estudiosos sobre el fallecimiento humano que la sed es común en aquellos que sufren muerte de la manera que murió Cristo que perdió gran cantidad de líquido de su cuerpo. Cuando eso ocurre el cuerpo se deshidrata, los labios y la boca se secan y la lengua se pega al paladar, de tal manera que el que atraviesa tal situación “siente sed”.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, ya que sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas; ten piedad de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a esa misma hora; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme tal fuego de caridad para contigo y para con tu obra redentora universal, que sólo llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por toda la eternidad.

Dadnos Señor a beber del cántaro de tu misericordia. Dale a esta Colombia el agua cristalina de tu amor, de tu compasión, de tu clemencia, de tu indulgencia, de tu comprensión y de tu perdón.

Señor tenemos sed. Mucha sed.

Tenemos Sed de que en nuestro país, se frene la carrera desenfrenada de la corrupción.

Tenemos Sed que se acabe la extorción, el secuestro y el chantaje, por los grupos al margen de la Ley y por la delincuencia común.

Tenemos Sed que los Helenos entreguen sus secuestrados y acaben con los atentados a nuestro Ecosistema, orgullo de Colombia frente al mundo.

Tenemos Sed de que los niños, jóvenes y adolescentes, sean una comunidad vulnerable a la perversión, depravación, desenfreno y degeneración sexual, por parte de comerciantes que ven en esta generación, entradas ostensibles de dinero y de prebendas por parte de la tolerancia de un Estado corrupto y flexible como el nuestro.

En fin, Señor tenemos sed que acerques tu oído hacia el clamor de este pueblo colombiano, que sufre y sólo espera ver tu cruz, no con ojos de angustia y de dolor, sino con ojos de amor y de alegría, pues al estar Cristo ahí no es signo de horrible muerte sino de Vida Plena, por tanto hay que amar la Cruz. Pues quien no ama la Cruz rechaza el designio del Plan Divino para con el mismo.

 SEÑOR JESÚS:

Ayúdanos, a poder  darte un poco de agua para calmar tu sed, por medio de un mejor comportamiento  en mi vida  de cristiano.

SEÑOR JESÚS TÚ, que  tuviste sed de vida por nosotros.

Señor   ten piedad.

TU QUE SACIASTE NUESTRA FE SED  CON TU AMOR.

Señor ten piedad

SEÑOR, TÚ, QUE SACIAS NUESTRA SED CON EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA.

Señor ten piedad. 

HERMAN CORREA CORREA

DIRECTOR GENTE Y ALGO MÁS

Manizales viernes 19 de abril de 2019

4ª Palabra: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me Has abandonado?” (Mc. 15, 34).

La muerte de Jesús estaba ya cerca. Serían casi las tres de la tarde. Con el grupo de los más íntimos, apenas quedaba nadie en la cima del Calvario. En torno a la Cruz había aumentado la soledad. Jesús estaba verdaderamente solo. Todos morimos solos, incluso cuando estamos rodeados de amor. Allá, en su interior, el que agoniza está profundamente solo, librando el último combate. Y Jesús no quiso sustraerse a esta ley de la condición humana.

Pero hay una soledad que ningún hombre ha conocido, sólo Jesús la conoció. Una soledad a la que hay que acercarse con temor, porque nada hay más vertiginoso. Y es lo que se nos revela en esta Palabra del Crucificado.

Es una Palabra desconcertante. Una Palabra que durante siglos ha conmovido a los santos y ha trastornado a los teólogos. No fue una frase, dolorida pero serena, como las demás Palabras. Fue un grito, un grito que taladra la historia. Un gran silencio había ya en el Calvario. Y fue entonces cuando Jesús, haciendo un inmenso esfuerzo y llenando de aire sus pulmones ya agotados, gritó con voz fuerte: “Elí, Elí, lama Sabactani? Que quiere decir: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”

El Evangelio dice, efectivamente, que Jesús gritó. ¿Por qué gritó? ¿Acaso vino sobre Él algún tormento añadido al que ya le estaba matando? Cristo había sudado sangre en el Huerto de los Olivos sin gritar. Había soportado la flagelación sin gritar. Había sufrido sin gritos el taladro de sus manos y sus pies. ¿Por qué grita ahora? Sólo le falta lo más fácil: terminar de morir suavemente. Y, sin embargo, grita.

“¡Oh, palabra fatal!, comenta un teólogo. ¿Por qué has sido pronunciada? ¿Por qué no fuiste retenida dentro del pecho? ¿No sabía Cristo que muchos la usarían contra Él…, para negar su divinidad?” (Journet).

¿Entendéis algo vosotros? Yo no entiendo casi nada. Porque, efectivamente, ¿cómo pudo el Padre abandonar al Hijo, si ambos son un único Dios? ¿Cómo pudo alejarse la divinidad, si estaba unida a la humanidad hasta formar en Él un solo ser? ¿Puede acaso el Hijo de Dios quedarse sin Dios, cuando es substancialmente uno con el Padre? No entiendo nada. Pero, si Jesús dice que el Padre le abandona, es porque en realidad Él experimenta ese abandono. De un modo que quizás nosotros nunca logremos entender, pero que Él experimentó como una verdadera lejanía.

¿Cuál fue la dimensión y el sentido de esta lejanía? Aquí está la clave para comprender el misterio que Jesús nos revela con esta Palabra: Cristo está llevando hasta el final su obra de Salvación, el hecho de su Encarnación. Está descendiendo hasta los llamados “infiernos”. Pero, ¿qué quiere decir “infiernos”? En el Credo latino se decía antes mejor: “Descendit ad inferos”.E “inferus, a, um” quiere decir “las profundidades”. Jesús, en estos momentos últimos de su vida, cuando ya toca la muerte, está descendiendo a las profundidades de la condición humana tal como existe en realidad, para asumirlo todo y llenarlo todo de vida y resurrección. En este descenso se encuentra con todos los dolores, con todas las deformaciones de la obra original de Dios y, sobre todo, con los pecados del mundo. Y ¿qué tiene de extraño que experimentara que el Padre se alejara de Él, si Dios no puede convivir ni con el mal ni con el pecado?

El Hijo tenía que ser consecuente con la obediencia que debía al Padre. Y, aunque experimentó todas las miserias y todas las consecuencias de los pecados de los hombres, sus dolores no fueron de pecador, sino de salvador y purificador. La Pasión de Jesús fue el último tramo de su Encarnación, de su descenso hasta las profundidades de lo humano. Y, por eso, fue una Pasión luminosa, no desesperada. Más todavía, como escribe Journet, el sufrimiento luminoso de un Dios que muere por nosotros es aún más desgarrador que el sufrimiento del desesperado. Porque sólo a él es dado medir plenamente el abismo que separa el bien y el mal, la presencia de Dios y su ausencia, el amor y el odio, el sí dicho a Dios y su negación.

Ahora es cuando, en verdad, el sin-pecado se hace profundamente uno de nosotros. Como bien dice San Pablo: “A aquél que no había conocido el pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, a fin de que nosotros nos hiciéramos justicia de Dios en él”(2 Co. 5,21).

Jesús, por obediencia al Padre y amor a nosotros, ha tocado fondo en su Encarnación. El uno y el otro saben que el destino del hombre, de todo hombre, es Dios y no quieren que se pierda. Y el Hijo, para devolver el hombre a Dios, se ha sentido terriblemente solo, separado del Padre en el fondo mismo de su alma. Por eso grita. Porque este dolor es más agudo que todos los de la carne juntos. Pero su grito no es desesperación. Es una queja acerante, pero amorosa y segura. Es oración. De hecho, toma sus palabras del Salmo 21, que es un salmo de llanto, sí, pero también de esperanza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Hermanos, gritémosle ahora nosotros a Jesús, en el silencio de nuestro corazón, diciéndole: Gracias, Señor, porque aquel grito tuyo ha llegado hoy hasta nosotros. Penetra con tu Espíritu en nuestra profundidad. Asume todo lo que allí encuentres, también el pecado, y devuélvenos al Padre.

 

 

3ª Palabra: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo… Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19, 26).

Y ahora, ¿comenzará ya Cristo a ocuparse de sí mismo? En la primera de sus palabras ha revelado a los hombres y les ha dado la promesa del perdón. En la segunda ha mostrado que el perdón es un don gratuito de Dios, al dárselo a un bandolero. ¿No es ya tiempo de olvidarse de cuanto le rodea y dedicarse a su dolor?

No, la revelación del amor tiene que continuar hasta el final. A Jesús aún le falta el mejor de sus regalos a la humanidad. El, que nada tiene, desnudo sobre la Cruz, posee aún algo enorme: una madre. Y se dispone a entregárnosla. Es San Juan quien nos transmite esta tercera palabra.

A esta hora se ha alejado ya el grupo de los curiosos. Gran parte de los enemigos se ha ido también. Quedan únicamente los soldados de guardia y el pequeño grupito de los fieles. Eran la Iglesia naciente, que está allí por algo más que por simples razones sentimentales. Unida a Jesús, de pié junto a la Cruz, se encuentra María, su Madre, unida no sólo a sus dolores, sino también a su misión.

La escena recuerda las bodas de Caná. La idea profunda de San Juan es ésta: María no aparece hasta este momento de la “Hora”. A ella se le ha pedido el sacrificio del Hijo durante el tiempo de su predicación por los caminos de Palestina. La alejada por el Hijo en los años de su misión, es ahora traída aquí por Él al primer plano de esta escena. Aquí va a ocupar su puesto con pleno derecho en la obra salvadora de Jesús, asociada a su misión. Aquí entra en la misión del Hijo con el mismo oficio que tuviera en su origen: el de madre.

Mirad cómo ocurrió, prestad atención. El sentimiento más natural que a todos nos embarga al contemplar esta escena, es que Jesús, como el Hijo más amante y delicado que jamás haya existido, al morir no quería dejar a su Madre sola y confiaba su cuidado a Juan, su mejor discípulo y amigo. Si esto hubiera sido así, Jesús, al tomar de nuevo la palabra en la Cruz, se habría dirigido en primer lugar al discípulo. Pero no, se dirige primero a la Madre, la llama “mujer” y le dice:“Ahí tienes a tu hijo”. Luego se dirige al discípulo y le dice: “Ahí tienes a tu madre”. ¿Qué le interesa en primer término a Jesús? Revelarnos la maternidad universal de María y entregarnos a su Madre para que fuera siempre nuestra Madre, la madre de la Iglesia y de toda la humanidad, con la que Él, en su Encarnación, se había hermanado. Juan, el discípulo amado que recibió a María en su casa, nos representaba a todos.

Este fue el último regalo que Jesús nos hizo antes de morir. Y esa fue la gran tarea que encomendó a María. Fue como una segunda anunciación. Hacía treinta años que un ángel la invitó a entrar en los planes de Dios. Ahora, no ya un ángel, sino su propio Hijo, le anuncia una tarea más difícil si cabe: recibir como hijos de su corazón a todos los hombres, incluso a los que matan a su Hijo. Y ella acepta, actuando de nuevo su fe, y diciendo, ahora silenciosa,“hágase”, mi Señor. De ahí que el olor a sangre del Calvario comience extrañamente a tener un sabor a recién nacido; de ahí que sea difícil saber si ahora es más lo que muere o lo que nace; de ahí que no sepamos si estamos asistiendo a una agonía o a un parto. ¡Hay tanto olor a madre y a engendramiento en esta dramática tarde…!

Que María, nuestra madre, nos dé ojos para ver y fe para entender estos acontecimientos.